Queridos colegas y seguidores:
En los últimos días ha salido a la luz pública un tema que viene afectando a mi familia desde hace varios meses, y aunque hubiera preferido mantener esto lejos de los reflectores por ser un asunto muy privado y doloroso, es hora de poner la cara y dar mi versión de los hechos. No quiero ahondar en detalles que no vienen al caso ni vulnerar la vida privada de ninguna de las personas involucradas así que seré lo más concreto posible para cerrar el tema y acabar con las especulaciones. A mediados del año pasado, por razones laborales, conocí a la señora Adriana Berrío durante las fiestas de la ganadería en Montería.
A
pesar de ser un hombre casado, de deberle respeto y fidelidad a María Antonia
Pardo, mi mujer desde hace 23 años, sostuve, bajo los efectos del alcohol, una
relación de índole sexual que duró un solo día con la señora Berrío. No tengo
excusas, simplemente me equivoqué. No diré que la carne es débil ni hablaré mal
de la señora en cuestión. No caeré más bajo. Pasó así y ya. De esa relación
pasajera y sin importancia en mi vida amorosa, pues jamás estuvieron
involucrados ningún tipo de sentimientos, nació un bebé. El niño se llama
Jerónimo. Luego de una prueba de ADN confirmé que sí era mío y actué en
consecuencia. Viajé a Montería y lo registré, le di mi apellido como es mi
deber cristiano y mi responsabilidad legal. En ningún momento lo negué. Dudé,
sí, que fuera mío durante todos los nueve meses del embarazo pues es inaudito
que esto me haya ocurrido por un desliz, de un día. Pero una vez realizada la
prueba y ante la evidencia científica tan contundente, tomé la única salida que
mi conciencia me permite. Es decir, reconocí a Jerónimo como mi tercer hijo.
De
todo esto lo que más me duele es haberle faltado a mi esposa y a mis hijos. Son
mi vida, mi tesoro más valioso, lo único que tengo y que me sostiene en pie.
Solo espero que me perdonen y que la vida siga. En eso estamos trabajando ya,
en no permitir que un error mío acabe con nuestro bello hogar. María Antonia es
la mujer de mi vida, mi único y verdadero amor. De ella aprendo a diario sobre
entereza y valentía, es mi apoyo, mi ejemplo de amor incondicional, mi tierra
firme. Ruego a Dios por ello que siga a mi lado. Quienes me conocen saben muy
bien quién soy, de dónde vengo, que me debo a mi familia, que todo lo que soy y
lo que trabajo es por y para ellos. Hoy me duele dolerles. En cuanto a ese
bebé, lo único que puedo decir es que jamás repetiré la historia de mi padre
negando a un ser humano que lleva mi sangre. Eso nunca. Responderé por él como
Dios manda.
Mi conciencia está tranquila por ese
lado. Para terminar, le pido a mis colegas dos cosas: prudencia y respeto. No
espero que se solidaricen conmigo, no lo merezco, pero sí que tengan en cuenta
que están de por medio tres menores de edad para quienes simplemente espero de
parte de ustedes consideración.
Un beso y un abrazo.
AGMETH ESCAF
Un beso y un abrazo.
AGMETH ESCAF
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