domingo, 6 de julio de 2014

Yo conocí al General Valencia Tovar


Hace 94 años nació en Colombia un hombre que cambió la historia de las Fuerzas Militares y que dejo en alto el nombre del país durante su carrera militar y posteriormente, como uno de los mejores columnistas de Colombia.

El general del Ejército Álvaro Valencia Tovar, muy a pesar de los achaques propios de la edad, siempre estaba dispuesto a hablar, a contestar el teléfono, a escribir una columna para un medio nacional, internacional y como no, para un medio institucional que siempre pedía con gusto sus escritos porque sabían que era prenda de garantía en su análisis cuidadoso de la situación política, económica, militar e incluso de la vidas cotidiana del país.

Gracias a mi labor como periodista, muchas veces fui a su casa, donde además tenía su oficina adornada con cientos de libros de su biblioteca personal, la cual un día donó a la Biblioteca de las Fuerzas Militares ubicada en su amada Escuela Militar de Cadetes. Una oficina que además de un amplio escritorio, una cómoda silla, no contaba con un computador sino con una máquina de escribir, la cual el general Tovar manejaba con la precisión de un militar con su fusil.

Desde esa máquina de escribir, manual, enviaba sus columnas a los medios en los cuales se destacaba por su puntualidad a la hora de cumplir las horas de entrega del material a publicar, pero también escribía lo que posteriormente se convertirían en libros no solo de historia de Colombia sino en documentos de consulta para cualquiera que quisiera estar enterado de la vida en nuestro país durante las últimas cuatro décadas.

En una de esas tantas visitas a su casa-oficina, contaba como si fuera ayer, su experiencia en la guerra de Corea, a la cual llego como capitán del Ejército y donde logro perfeccionar su inglés y mostrar sus dotes de estratega militar siendo uno de los soldados que coronaron varios montes en Corea, que hicieron que se cambiara el curso de la guerra y donde logro obtener como reconocimiento a su liderazgo la medalla al valor que entregaban las Fuerzas Aliadas.

Nunca antes se había demostrado el valor y arraigo de los soldados colombianos y en esta travesía que inició el entonces capitán Valencia Tovar en Bogotá, que lo llevo en tren hasta el puerto de Buenaventura y de allí a Estados Unidos y posteriormente Corea, quedo escrita para la historia del mundo lo que sería una épica guerra, de la cual solo un puñado de poco más de cien hombres de nuestra tierra volvieron para contar sus hazañas en el campo de combate.

Desde entonces, Álvaro Valencia Tovar inicio lo que a la postre se convertiría en una de sus grandes pasiones, el escribir para contar sus pensamientos y opiniones; opiniones que incluso le costaron el tener enemigos políticos, que contradecían su pensar pero que lo respetaban porque siempre tenía un argumento para discutir y desarmar en franca lid los argumentos de los otros.

Confieso que cuando lo vi por primera vez, pensé que era totalmente diferente, nunca imagine que a su avanzada edad tendría una lucidez mental y una memoria fotográfica como la que poseía, se podía pasar horas enteras enteras dialogando con él de cualquier tema, nunca perdía el hilo de la conversación, siempre con una sonrisa atendía cada pregunta.

El general Valencia Tovar, respondía cada inquietud en el estricto orden en que era formulado, siempre acompañado de una historia que lo hacía sentir a uno como viendo una película o leyéndose un excelente libro.
Contaba, por ejemplo, como estudió en el mismo colegio con Camilo Torres, como fueron amigos de infancia y como mientras él, Valencia Tovar, se dedicaba a su Escuela Militar, Torres iba al seminario y como juntos a terminar sus carreras se fueron por caminos tan diferentes, al punto que el uno murió muy joven a manos de la justicia y el otro se convirtió en uno de los militares más respetados de las Fuerzas Armadas de Colombia, al que muchos se le acercaban para pedirle un consejo y al que siempre que llegaba a una unidad militar le rendían honores como el más respetado y valiente de los soldados.

Muchas historias por contar, muchas anécdotas contadas, una tristeza que embarga a los intelectuales de la Academia Colombiana de Historia, de la cual era miembro, al diario El Tiempo, del que era uno de sus más frecuentes y antiguos columnistas de opinión, del Ejército Nacional y las Fuerzas Militares, que siempre fue su casa aun cuando en 1975 dejo el uniforme para convertirse en uno de sus más orgullosos ejemplos de Patria, Honor, Lealtad.


Paz en la tumba de este ilustre colombiano que vivió para contar sus épicas actuaciones en el campo de batalla y para defender al pueblo desde todos los frentes en los que pudo desempeñarse, mostrándose siempre con una sonrisa de amabilidad y con una brillantez de sabiduría.


Escrita por: @NICOLASRINCON

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