Hace 94 años nació en Colombia un hombre que cambió la historia
de las Fuerzas Militares y que dejo en alto el nombre del país durante su
carrera militar y posteriormente, como uno de los mejores columnistas de
Colombia.
El general del Ejército Álvaro Valencia Tovar, muy a pesar de
los achaques propios de la edad, siempre estaba dispuesto a hablar, a contestar
el teléfono, a escribir una columna para un medio nacional, internacional y
como no, para un medio institucional que siempre pedía con gusto sus escritos
porque sabían que era prenda de garantía en su análisis cuidadoso de la
situación política, económica, militar e incluso de la vidas cotidiana del
país.
Gracias a mi labor como periodista, muchas veces fui a su
casa, donde además tenía su oficina adornada con cientos de libros de su
biblioteca personal, la cual un día donó a la Biblioteca de las Fuerzas
Militares ubicada en su amada Escuela Militar de Cadetes. Una oficina que además
de un amplio escritorio, una cómoda silla, no contaba con un computador sino
con una máquina de escribir, la cual el general Tovar manejaba con la precisión
de un militar con su fusil.
Desde esa máquina de escribir, manual, enviaba sus columnas a
los medios en los cuales se destacaba por su puntualidad a la hora de cumplir
las horas de entrega del material a publicar, pero también escribía lo que
posteriormente se convertirían en libros no solo de historia de Colombia sino
en documentos de consulta para cualquiera que quisiera estar enterado de la
vida en nuestro país durante las últimas cuatro décadas.
En una de esas tantas visitas a su casa-oficina, contaba como
si fuera ayer, su experiencia en la guerra de Corea, a la cual llego como capitán
del Ejército y donde logro perfeccionar su inglés y mostrar sus dotes de
estratega militar siendo uno de los soldados que coronaron varios montes en
Corea, que hicieron que se cambiara el curso de la guerra y donde logro obtener
como reconocimiento a su liderazgo la medalla al valor que entregaban las
Fuerzas Aliadas.
Nunca antes se había demostrado el valor y arraigo de los
soldados colombianos y en esta travesía que inició el entonces capitán Valencia
Tovar en Bogotá, que lo llevo en tren hasta el puerto de Buenaventura y de allí
a Estados Unidos y posteriormente Corea, quedo escrita para la historia del
mundo lo que sería una épica guerra, de la cual solo un puñado de poco más de cien
hombres de nuestra tierra volvieron para contar sus hazañas en el campo de
combate.
Desde entonces, Álvaro Valencia Tovar inicio lo que a la
postre se convertiría en una de sus grandes pasiones, el escribir para contar
sus pensamientos y opiniones; opiniones que incluso le costaron el tener
enemigos políticos, que contradecían su pensar pero que lo respetaban porque
siempre tenía un argumento para discutir y desarmar en franca lid los
argumentos de los otros.
Confieso que cuando lo vi por primera vez, pensé que era
totalmente diferente, nunca imagine que a su avanzada edad tendría una lucidez
mental y una memoria fotográfica como la que poseía, se podía pasar horas
enteras enteras dialogando con él de cualquier tema, nunca perdía el hilo de la
conversación, siempre con una sonrisa atendía cada pregunta.
El general Valencia Tovar, respondía cada inquietud en el
estricto orden en que era formulado, siempre acompañado de una historia que lo hacía
sentir a uno como viendo una película o leyéndose un excelente libro.
Contaba, por ejemplo, como estudió en el mismo colegio con
Camilo Torres, como fueron amigos de infancia y como mientras él, Valencia
Tovar, se dedicaba a su Escuela Militar, Torres iba al seminario y como juntos
a terminar sus carreras se fueron por caminos tan diferentes, al punto que el
uno murió muy joven a manos de la justicia y el otro se convirtió en uno de los
militares más respetados de las Fuerzas Armadas de Colombia, al que muchos se
le acercaban para pedirle un consejo y al que siempre que llegaba a una unidad
militar le rendían honores como el más respetado y valiente de los soldados.
Muchas historias por contar, muchas anécdotas contadas, una
tristeza que embarga a los intelectuales de la Academia Colombiana de Historia,
de la cual era miembro, al diario El Tiempo, del que era uno de sus más frecuentes
y antiguos columnistas de opinión, del Ejército Nacional y las Fuerzas
Militares, que siempre fue su casa aun cuando en 1975 dejo el uniforme para
convertirse en uno de sus más orgullosos ejemplos de Patria, Honor, Lealtad.
Paz en la tumba de este ilustre colombiano que vivió para
contar sus épicas actuaciones en el campo de batalla y para defender al pueblo
desde todos los frentes en los que pudo desempeñarse, mostrándose siempre con
una sonrisa de amabilidad y con una brillantez de sabiduría.
Escrita por: @NICOLASRINCON

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