Editado por la UNESCO,
la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el Consejo
Internacional de Ciencias Sociales (CICS), este informe se titula Cambios Ambientales Globales y presenta artículos
escritos por más de 150 eminentes especialistas mundiales en ciencias sociales:
antropología, economía, estudios sobre el desarrollo, geografía, ciencia
política, psicología y sociología. La tesis que recorre las 600 páginas de esta
publicación es que los individuos, su comportamiento y las sociedades humanas
tienen que ser el núcleo central de todos los esfuerzos que se realicen para
afrontar los problemas planteados por los cambios ambientales y los fenómenos
físicos que han puesto de manifiesto las ciencias naturales.
El informe hace un
balance de los problemas ambientales sin precedentes que se plantean a la
humanidad, y también evalúa sus posibles consecuencias devastadoras para el
bienestar de los seres humanos. El cambio ambiental global está trastocando
todo en nuestro planeta, al trastornar los sistemas que sustentan la vida, y
está afectando a todas las poblaciones del mundo, al alterar sus medios de
subsistencia, modos de vida, acciones e interacciones.
El cambio ambiental está
exacerbando ya los problemas con que tropiezan los individuos y las comunidades
que se debaten contra las crisis económicas, sociales y políticas, y también
está haciendo que la pobreza persista, que las desigualdades aumenten y que el
descontento social se agrave.
En su artículo
titulado La migración como estrategia de adaptación al cambio
ambiental, dos de los colaboradores del informe, W. Neil Adger y Helen
Adams, observan que “los datos empíricos muestran que algunas poblaciones
carecen de recursos para emigrar porque el cambio ambiental ha disminuido su
nivel de vida”. Estos autores señalan también que muchas de las personas que
emigraron a las zonas costeras y las ciudades en los últimos decenios son
especialmente vulnerables al cambio climático porque “se apiñan en zonas
densamente pobladas, situadas con frecuencia en laderas escarpadas o llanuras
inundables, en las que se encuentran terrenos desocupados y baratos […]”.
Por su parte, Elke U.
Weber, en su colaboración titulada Cambio de comportamiento individual
y colectivo, advierte que “las repercusiones negativas inducen normalmente
a la gente a cambiar su comportamiento, pero en lo que respecta al cambio
ambiental el lapso que media entre la causa debida al comportamiento y sus
impactos negativos en el medio ambiente hace que la gente se percate
difícilmente del nexo que los une”.
Todas estas cuestiones
subrayan la necesidad de recurrir a las ciencias sociales para que se produzcan
los cambios económicos y de comportamiento que exige el logro del desarrollo
sostenible. A este respecto, en el informe se hace un llamamiento apremiante a
la comunidad científica internacional para pasar a la acción. Es preciso que
los especialistas en ciencias sociales cooperen más eficazmente con sus colegas
de otros campos científicos, como los especialistas en ciencias humanas,
naturales y de la ingeniería, a fin de producir conocimientos que puedan
contribuir a resolver los problemas ambientales más urgentes actualmente y a
afrontar los desafíos planteados al desarrollo sostenible. Esa cooperación
tiene que ir acompañada por una estrecha colaboración con los responsables de
la adopción de decisiones, los profesionales y cualesquiera otros usuarios de
los resultados de los trabajos de investigación científica.
En su artículo
titulado ¿Es inevitable el aumento de las emisiones de gases con efecto
de invernadero?, John Urry explica por qué es necesaria esa colaboración:
“Lo que se necesita es invertir la tendencia al crecimiento aparentemente
inexorable de los sistemas con altas emisiones de dióxido de carbono y las
prácticas sociales inherentes a ellos. Esa inversión de tendencia, que debe ser
social y económica a la vez, exige que den ‘marcha atrás’ la mayoría de los
sistemas que se pusieron en movimiento a lo largo del siglo XX, encontrando un
‘medio de retroceso’ sin que éste les impida avanzar rápidamente al mismo
tiempo”. Al referirse a los efectos de la reducción de las emisiones de dióxido
de carbono, Urry predice que “en los sistemas con bajas emisiones de dióxido de
carbono disminuirán a corto plazo los niveles de ingresos y consumo, y por eso
será difícil convencer a la gente para que adopte prácticas sociales que
entrañen bajas emisiones de gases con efecto de invernadero”. Para que eso sea
aceptable, añade este autor, los consumidores tendrán que llegar a la
convicción de que las actividades y los productos con bajas emisiones de
dióxido de carbono son deseables.
El Informe aboga por una
visión más audaz y más amplia de las ciencias sociales:
- que
sean suficientemente audaces en el encuadre y reinterpretación del cambio
ambiental global como problema fundamentalmente social;
- que se
muestren más eficaces en la tarea de integrar sus observaciones en la
elaboración de medidas que permitan aportar soluciones;
- que
estén dotadas con un mayor número de especialistas para tratar los
problemas creados por el cambio ambiental global; y
- que
sean diferentes, esto es, que sean capaces de reflexionar sobre su modo de
pensar y practicar la ciencia –teorías, hipótesis, metodologías,
instituciones, normas e incentivos– a fin de coadyuvar más eficazmente a
la empresa de afrontar los complejos desafíos interdisciplinarios e
intersectoriales que se plantean hoy en día a nuestras sociedades.
El informe aspira a ser
un instrumento de movilización de los especialistas en todas las disciplinas en
ciencias sociales que trabajan en universidades, institutos de investigación,
grupos de expertos, ONG, organismos gubernamentales y organizaciones
intergubernamentales de todo el mundo. También le servirá al Consejo
Internacional de Ciencias Sociales (CICS) como elemento de referencia para
examinar con sus miembros y socios de qué manera se puede no sólo perfeccionar
la base de conocimientos de las ciencias sociales sobre el cambio ambiental,
sino también promover una participación de primera importancia de las ciencias
sociales en los trabajos de investigación relacionados con la sostenibilidad.
El informe, por último, contribuirá a configurar la labor de la UNESCO
encaminada a apoyar políticas de desarrollo sostenible, integradoras y
equitativas, en los programas aplicados a nivel nacional.
El Informe mundial sobre
Ciencias Sociales 2013 ha sido preparado y revisado por el CICS.
(FUENTE: UNESCO)

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